Sistema métrico (I)

Conocemos las dimensiones de un DIN A4, la velocidad que puede alcanzar el viento en un tornado, la profundidad de las fosas marinas, la frecuencia con que nos visita el cometa Halley y las proporciones en que intervienen los diferentes ingredientes que integran nuestro postre favorito, y podemos cuantificar las dimensiones, las velocidades, el tiempo, los pesos y, tan importante como esta cuantificación o más, podemos entender y hacernos entender de forma prácticamente universal gracias a que nos hemos dotado de un sistema de medición internacionalmente aceptado: el Sistema Internacional de Unidades (SI). Pero no siempre fue así, y aun hoy persisten diferentes sistemas métricos que precisan de equivalencias con las unidades casi universalmente aceptadas.
Protágoras, un filósofo sofista griego, nos enseñó que el hombre es la medida de todas las cosas y si bien el aforismo tiene diversas interpretaciones, nos quedaremos con su versión antropométrica que es la que se relaciona con el tema que nos ocupa. Te traigo aquí algunas de sus peculiaridades que te ayudarán a comprender también el porqué de su arbitrariedad:
  1. La milla, una medida utilizada ya en el Imperio Romano y que en los tiempos de César equivalía a mil pares de pasos caminados por un hombre (en latín: mille passus, plural: milia passuum). Como los pasos eran dobles, la milla romana era aproximadamente igual a 1467 m, y por lo tanto un paso simple era de unos 73 cm.
  2. El brazo o 'cúbito'. En textos egipcios en papiro, aparece el termino antebrazo, símbolo del cúbito. Este antiguo registro de forma de medir, se basaba en la longitud del brazo desde el codo hasta la punta del dedo medio (aprox. 45.72 cm). La gran pirámide de Keops, fue construida en base a cúbitos. De acuerdo al Génesis, el arca de Noé tenía 330 cúbitos de eslora.
  3. La yarda. Su origen no se conoce con seguridad, aunque puede que no sea una coincidencia su equivalencia con un doble cúbito. El rey Enrique I estableció su medida como la distancia de su "nariz real" hasta la punta de sus dedos de la mano.
  4. La pulgada. En el siglo X se estableció la pulgada como la distancia que había entre el nudillo y el dedo pulgar del rey Edgardo., esto es, lo que le medía el pulgar al buen hombre..
  5. El pie. Decretado por Carlomagno como la longitud de su propio pie, más menos 32,26 cm.
  6. La braza. Usada por los marinos, era igual a la distancia entre la punta de los dedos de la mano de un vikingo con los brazos extendidos hacia los lados.
Y aquí tienes otro ejemplo de arbitrariedades no relacionadas con las medidas humanas:
  1. El acre es la cantidad de terreno arado por una yunta de bueyes en un día.
  2. Los grados en los que dividimos las circunferencias tienen su origen en el pensamiento egipcio de que el Sol tardaba aproximadamente 360 días, un año (12 meses de 30 días), en recorrer el fondo de estrellas. Por lo tanto, representando el cielo como un fondo de estrellas circular, cada grado se representaba como la distancia recorrida por el Sol contra el fondo de estrellas en un día.
  3. El quilate equivale a 205 mg y es utilizado para pesar piedras preciosas, deriva de quirat, palabra árabe que designa a semillas de algarrobo. Los árabes empleaban estas semillas como pesas.
Pero han existido muchas más: varas (te recuerdo que en el pórtico sur de la catedral de Jaca, la zona comercial, en la que se situaba el mercado, tienes grabada la vara jaquesa cuya equivalencia en el sistema métrico decimal es de unos 77,2 cm), las arrobas (no los signos tipográficos, no, otra cosa),  pulgadas, cuartas, codos, galones, pintas, fanegas, etc., etc. Y esto era un lío porque, medidas aparte, abundaban los localismos (prueba este enlace para comprobar había más codos de los que resultan de duplicar el número de habitantes) así que, paradójicamente, tuvo que venir una revolución, la francesa concretamente, para intentar poner algo de orden en este caos.
Me acordé el otro día de que era incapaz de recordar (?) la relación que existe entre la medida volumétrica anglosajona del galón y el orinal de no sé qué rey, y no lo he podido "pescar" en la red. Si fueras tan amable y tu memoria fuera mejor que la mía, y tus truchas más abundantes y voluminosas y quisieras compartir con nosotros ese conocimiento, te agradecería que nos enviases esa información.